Red Flag no nació como una marca.
Nació como una forma de sobrevivir.
En algún momento de mi adolescencia entendí que prefería aprender a defenderme antes que volver a sentirme indefensa. Que alzaría la voz antes de permitir que alguien intentara silenciarme.
Desde entonces sigo mi propio camino. Sin esperar a que nadie dé el primer paso.
Me alegra encontrarte en él. Puedes caminar a mi lado, entrar en mi mundo y formar parte de mi historia. Pero hay algo que debes saber: si vienes a hacerme daño, sabré protegerme con uñas y dientes.
Mi reino es sagrado.
Y la diosa Artemisa lo protege.
Durante mucho tiempo elegí red flags que prometían emoción, libertad y protección. Pero aquella protección nunca fue real.
Hasta que lo entendí.
No necesitaba encontrar a alguien que me protegiera.
Necesitaba aprender a protegerme yo.
Así que dejé de perseguir red flags y me convertí en la mayor de todas.
De ahí nació este logo: de todo lo vivido, de cada límite aprendido y de la mujer en la que tuve que convertirme para no volver a olvidarme de mí.
Por eso me lo tatué en la muñeca. Como una pequeña chuleta para esos días en los que dudo quién es la Red Flag
Yo soy la puta Red Flag.
No es una advertencia.
Es una declaración.
Y quizá, si has llegado hasta aquí, esta historia también tenga algo de la tuya.
RED FLAG
Wear your story.
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